lunes, 7 de abril de 2014


Si para mi -se dice él- lo más importante son los sacrificios que puedes hacer, lo que sin motivo sale del corazón. Lo que compartes con tu otra parte, y con parte no me refiero a que seamos dos mitades, tú ahí donde me miras y yo acá donde te observo, es más siempre he creído que somos dos individuos completos, tu allá donde me observas y yo aquí donde te miro, que han decidido unirse en un todo más grande que la suma de sus partes.

Para mi -dice en voz alta él- querer verte no es solo una necesidad mía, alguna necedad o terquedad, que puede que así sea, pero es más que eso, son estas ganas de agarrar este tiempo libre que tengo, este tiempo sin obligaciones y responsabilidades y dártelo a ti, porque puedo hacerlo, porque quiero hacerlo. Mientras que en mi tiempo de responsabilidades y obligaciones no hago más que pensar en las diferentes maneras en las que yo puedo demostrarte lo que siento.

Así que no vengas ahora a decirme -dice él con una seriedad profunda-, que es peligroso que yo vaya a verte, que andar en la calle es un riesgo, que tengo que aguantarme las ganas de mirarte y tener al menos 5 minutos de ti en mi vida. Porque todos los días es el mismo riesgo, pase o no pase por una protesta, haya o o haya Guardias Nacionales o Policía Nacional, o cualquier pendejo con un arma, que me consiga en el camino hasta ti.

No, espera... No he terminado -agrega- yo la verdad es que no sé si eres capaz de entender ¿qué es esto que siento?, pero vamos a ver si es para ti fácil asimilar lo que te voy a decir, NO EXISTEN cauchos quedamos que yo no pueda pasar, ni alcantarillas sin rejillas, ni miguelitos, ni bombas lacrimógenas, ni perdigones que me impidan a mi verte hoy y sabes que mañana o el día después de mañana, o cuando a mi me de la gana de verte, PORQUE PARA EL AMOR NO EXISTE BARRICADA.

jueves, 3 de abril de 2014


Era su premisa, «El amor donde se pueda», si es aquí en la calle entre gas lacrimógeno y perdigones a matar, pues será aquí donde debemos amarnos. Es intenso, él suele ser intenso, con discursos de mártir y actos heroicos, piensa que puede salvar el mundo, por el simple hecho que es él quién lo está cambiando. Ella a su vez a veces le obstina, tanta palabrería, tanto querer y querer y no poder, está más cansada que él... Sin embargo ella lo acompaña, en cierto modo se siente protegida, amada, entre los dos hacen lo que creen que deben hacer para tener lo que creen que deben tener.

Cuando se arma la guarimba, ella le busca las piedras por si los de verde se aparecen, también recarga las botellas y aprendió en esta revolución como hacer molotov, nunca se imaginó estar allí en medio, donde la historia se está escribiendo, pero no le molesta, está arrecha. No suele tener muchas palabras, es callada, pero guerrera, a veces quisiera tener fuerza para romperle la cara algún agente del "desorden público", por eso también comenzó a lanzar las piedras y no solo a buscarlas. Cada vez se adentra más a la zona caliente.

En el medio del caos suelen cruzar sus miradas, con cada oportunidad que tienen tocan sus manos, algunos besos, tal vez unas caricias por el cuello, una sonrisa que les hace saber a los dos que mientras estén juntos todo estará bien, que lo que hacen esta bien, mientra se desarrolla el calor de la batalla y pasa el tiempo sin tocarse, ella se desespera, él lo percibe, por eso cada cierto tiempo se acerca a ella y le estampa un beso de esos que si pudieran drenar el alma, lo haría. De esos besos que parecen que te quitan vida, que te dejan sin aliento. Son los besos que a ella le gustan.

Cuando todo esto termine, él quisiera formalizar más la relación, ella piensa en independizarse -es difícil, en este país es bien difícil-, pero seguro el amor encontrará la forma, el amor siempre encuentra la forma.

miércoles, 2 de abril de 2014


Ella sufre todos los días. No sale de su casa porque tiene miedo, a menos que sea necesario. Tiene un mes y medio que no va a clases (la universidad está de paro y ella considera que eso está bien, que de alguna manera hay que ejercer presión, que el gobierno es una mierda y las protestas son necesarias).

A veces prefiere no comer en todo el día sólo para no salir de casa y tener que tropezar con la realidad del país, le duele Venezuela todas las noches antes de dormir llora, llora por impotencia, piensa que su juventud se le acaba en un lugar que ama con todo su corazón pero que siente que nunca la ha querido. Gasta las horas de su vida hablando con novio por Whatsapp, generalmente se ven todos los días, él suele visitarla o ella a veces a él, se ven y pasan el día juntos casi siempre. Aunque con todo este desastre, muchas veces se les dificulta, las barricadas los separan, o tienen que terminar sus encuentros más temprano por temor a no poder regresar a sus respectivas casas.

Él se cree un mártir de la resistencia, todas las noche baja de su edificio y arma la guarimba, con sus vecinos espera que la gloriosa Guardia Nacional Bolivariana se apersone hasta la zona, todas las noches es el mismo enfrentamiento, a veces no hay detenidos, otras veces si lo hay. Mientras que a unos kilómetros de allí, ella con el corazón en la boca sufre cada noche que él baja.

"Coño no bajes, si te agarran ¿qué voy hacer yo? ¿qué vamos hacer?"- dice ella, molesta, muy molesta.

"Nada..."-responde él, porque no sabe explicarle que le da arrechera todo y que la única forma de sentir que hace algo es bajando cada noche, reunirse con sus vecinos y armar la guarimba.

Ella llora cuando baja, pero no se lo dice, él lo sospecha porque cada vez que sube ella muy aliviada le responde que no le hable más hasta que se le pase la arrechera por no hacerle caso. Se aman, pero sienten que su amor es interrumpido, quisieran un país mejor, sueñan con una vida juntos, independencia y libertades pero entienden que si no luchan eso no lo tendrán, por eso él sigue bajando cada noche y ella llorando por él.
 
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